12

Cindy

La mirada fija de Jesús puesta en mi me pone de los nervios. Me observa mientras me deshago de los tacones, y sigue haciéndolo sin disimulo cuando me siento en mi cama frente a él.

–¿Enserio me vas a hacer echarte a patadas?–dudo sonriendo de lado.

–No.–deja caer todo su cuerpo en la cama.–Pero hoy es viernes, Lucy no está y Dani tampoco, no quiero estar toda la noche solo.

–Está bien.–bufa.–¿Y que quieres hacer?

–No deberías hacerme esa pregunta.–me contesta sonriendo pícaramente. Ruedo los ojos y me tumbo a su lado, observando el blanco techo.–Cuéntame algo de ti.

–Ya sabes demasiadas cosas de mi, Jesús.–le contesto.–O al menos, más que yo de ti.

–¿Y que quieres saber?–susurra girándose para mirarme.

–Cuéntame algo que nunca le hayas contado a nadie.–hago lo mismo para mirarlo a esos ojos color café, que me están empezando a gustar más de lo que deberían.–Algo de lo que te de miedo hablar o...

–¿Y porque debería hacerlo?–habla bastante serio.

–Porque es una buena forma de empezar.–me chupo los labios empezando a ponerme nerviosa.

–Esta bien, pero luego tú tendrás que contestarme a una pregunta.

–¿A una sola?–sonrío.—Hecho.

Lo veo incorporarse y después de suspirar, se deshace de su camiseta dejando a la vista unos bronceados y sexys abdominales. Trago saliva incorporándome también e intento no apartarle la vista de su cara.

–Yo...me he dado cuenta de que no tengo sentimientos.–susurra y frunzo el ceño.–Soy incapaz de querer a alguien que no sea miembro de mi familia.–se chupa los labios.–Me importa una mierda la gente, las chicas con las que he estado, mis amigos...no consigo sentir absolutamente nada. Y es frustrante.

–¿Desde cuando?–susurro acercándome un poco a él.

–Desde que mi abuelo murió.–tensa la mandíbula.–Hace unos años.

–Eso explica muchas cosas.–digo y me mira frunciendo el ceño.–Digo, que ya entiendo porque eres así de chulo y tratas así a las chicas.

–¿Así?

–Haciéndolas sentir mal.–le aparto la mirada.–Acomplejándolas, cargándote su autoestima...

–Vale, lo he entendido.–me corta rodando los ojos.–Es cierto, lo hago con todas, menos contigo.

–Pero porque yo no te he dejado.–me muerdo el labio levantándome de la cama.–Tendrías que ser un verdadero capullo para joderme, y en lo poco que he estado contigo, sé que tienes corazón.–lo miro.–Aunque tú lo niegues.

El silencio reina en la habitación mientras busco en mi armario unos calcetines. Tengo los pies helados.

–Me toca.–murmura.–¿Por que cuando sacan el tema de tu familia...?–me pongo rígida.–¿Haces cosas como esa?

Le doy la espalda durante varios segundos, hasta que me decido por abrirle mi corazón, aunque solo sean unos montos.
Me dirijo de nuevo al armario y saco mi pequeña caja de las fotos, y me siento en la cama segundos después con una de ellas en la mano.

–Mira.–se la tiendo y cuando la ve lo veo sonreír levemente.–Esa es...era mi madre.

–¿Que...?–duda pero lo detengo.

–Solo tengo dos fotos con ella.–me chupo los labios.–Está es la otra.

–Es..–me mira.–Te pareces a ella.

–Murió dos días después de hacernos esa foto.–miro al suelo intentando no romperme.–Mi padre me contó que le dio un ataque al corazón cuando me vio saltar de la cuna, según el, a lo SúperMan.–eso le hace sonreír pero al ver que yo no lo hago, me mira preocupado.–No entiendo que cojones se me pudo pasar por la cabeza para hacerlo, yo...yo fui la culpable de la muerte de mi madre.

–No digas eso, tú no...

–Hasta mi padre lo cree.–intento no llorar pero siento como una lágrima se me escapa.–Me ha culpado toda mi vida por ello, y yo, de cierto modo, lo sigo haciendo.

–Pero no es verdad.–siento como su mano busca la mía.–Estoy estudiando medicina, y una no se muere de un ataque si no ha tenido antes otros ataques o ya estaba débil, no fue tu culpa, no fue culpa de nadie.

Mantengo fija mi mirada en el suelo, y siento que por un momento no puedo controlar las lágrimas y tengo que levantarme y salir al pasillo para que no me vea. Odio llorar y odio que me vean hacerlo. No me gusta sentirme débil.

–Espero que no te estés escondiendo de mi.–su voz parece tranquilizarme, por extraño que parezca, y cuando noto que me rodea con sus brazos, todo el peso que tenía encima, la agonía y la angustia desaparecen. Como por arte de magia.

–Me siento tonta.–me separo de él y le aparto la mirada.–Ya debería de tenerlo superado.

–Eso es algo que no se supera, pero si se puede llevar.–acaricia mi mejilla y por un momento me pregunto quién es este chico y que ha echo con Jesús Oviedo.–Y si de vez en cuando te desahogas, se llevará mejor.

Asiento dándole un instantáneo abrazo que interrumpo enseguida pasando a mi habitación de nuevo.

–Me duele la cabeza.–suspiró buscando un ibuprofeno entre mis pastillas.–Será mejor que me vaya a dormir.

–Si, y yo.–me mira desde la puerta con una sonrisa.–Descansa.

–Y tu.–susurro y lo veo darse la vuelta.–Jesús.–lo detengo y se gira para mirarme, por lo que me levanto y camino hacia él.–Una persona sin sentimientos no habría hecho lo que acabas de hacer tu por mi.

Me mira durante varios segundos y después de asentir con una débil sonrisa, desaparece hacia su habitación.
Cierro la puerta y me tiro en la cama apagando la luz, pero sin cerrar los ojos.
Un cosquilleo me recorre el estómago y doy varias vueltas hasta que logro quedarme dormida.

[.....]

–Que bien me sienta despertarme tarde.–bosteza Lucy arreglándose el pelo frente al espejo.

–Abrías seguido durmiendo si no fuera porque Dani te ha llamado para desayunar.–le digo.–Que por cierto, tienes que contarme que tal anoche.

–Luego, te lo prometo.–me guiña un ojo y sale por la puerta, dando un salto para atrás y mirándome.–Aquí hay un regalo.

–¿Qué?–me incorporo para mirar hacia fuera.

–Si, un regalo.–se agacha a cogerlo extrañada.–Cindy.–lee.–Uy, es para ti.–me lo lanza.–Luego me dices lo que es, que llego tarde.

Y desaparece dejándome completamente aturdida. Miro el paquete envuelto y cojo una pequeña tarjeta con algo escrito.

"Me he recorrido diez tiendas del centro para encontrarla, espero que lo aprecies y accedas a comer conmigo, pero esta vez elijo yo, nada de MacDonald's."

Frunzo el ceño mientras rasgo el papel y cuando me encuentro la blusa blanca que la zorra de la tal Ane me estropeó, no puedo evitar sonreír como una absoluta tonta.

–Este chico me supera.–suspiro levantándome de la cama y abriendo la puerta, chocándome de cara con él. Nos miramos fijamente con una sonrisa en la cara, hasta que él mira el interior buscando la blusa.–Buenos días.

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