10
Lucy
Miro el interior del armario preguntándome qué demonios se pone una para ir a un combate.
Está claro que es en un gimnasio y lo lógico es ir cómoda, pero la gente va de espectadora y nunca se puede saber.
Después de unos diez minutos probándome prendas, doy con el look indicado. Una sudadera roja, para ir informal, junto con una falda vaquera, medias negras y unas botas negras, para ir elegante.
A veces pienso que debería dedicarme a esto.
A continuación, me maquillo mínimamente frente al espejo y me plancho el pelo para intentar que con la humedad que hay esta noche, no se me bufe el pelo y parezca una oveja. Sería desastroso.
Una vez estoy lista y lo tengo todo, salgo de la habitación cerrando la puerta tras de mí. Cinco minutos después, los dos gemelos que en poco tiempo se han ganado mi confianza, salen de su habitación vestidos con unos vaqueros ajustados y una sudadera diferente cada uno. Llevan el tupé perfectamente peinado y se han echado colonia. Me pierde su colonia. Podría casarme con ella.
–¿Listos?–pronuncia Dani jugando con las llaves de su coche.–Pues vamos.
–¿Creéis que va a ganar?–duda Jesús caminando a mi lado.
–Obviamente, ya sabes lo que dijo Jorge, no ha perdido nunca ningún combate.
–He estado investigando y...–saca su móvil y empieza a buscar algo.–Se enfrenta a Holly Holm, fue a los Juegos Olímpicos y reventó a todas sus contrincantes.
–Que burra.–comento haciendo que Dani sonría.–Pero bueno, ninguno de los tres hemos visto a Cindy competir, así que no podemos saber si puede o no ganarle.
En el camino hacia el gimnasio, ese es el tema del cual se habla, y cuando al fin logramos aparcar después de no encontrar ningún lugar libre en la misma calle, bajamos del coche chocándonos de frente con un montón de cámaras de televisión y periodistas pesados.
–No es real.–hablo andando insegura hacia la entrada donde Jerry, el grandullón entrenador de boxeo, está en la puerta.
–Hola.–se adelanta Jesús consiguiendo que su actual entrenador lo mire alzando las cejas divertido.–¿Estamos en la lista, no?
–Tu hermano y la chica si.–dice mientras mira la lista con una sonrisa.–Tu, sin embargo, no estás.
–¿Que?–abre los ojos como platos dando un paso hacia delante.–¿Me estás tomando el pelo, no?
–¿Me ves cara de que te esté tomando el pelo?–lo mira seriamente.–Lucy y Dani, vosotros pasar por aquí.
******
Cindy
Me coloco una chaqueta para cubrir mi cuerpo cuando oigo como la voz de Jerry me llama. Supongo que como siempre, habrá alguno que dirá de ser mi amigo y querrá colarse por la cara, cosa que nunca consiento.
–Dime.–camino hacia la puerta dándome cuenta de como me mira la gente desde fuera.–Hombre, pero si eres tú.
–¡Está tarde me has dicho que estaba en la lista!–dice bastante alterado.
–Y lo estás.–miro a Jerry intentando reprimir una sonrisa.–Déjame la lista.–me la tienden y busco si nombre con el dedo.–Aquí.
Mi entrenador coge la lista y después de leerlo, me mira dando una carcajada.
–Javier Oviedo, perdón, estás en la lista.–dice consiguiendo que Jesús me mire colocando los ojos en blanco, pero el tampoco puede esconder la sonrisa.
–Lo siento, debo de haberme equivocado.–doy una carcajada.
–Que graciosa eres.
–Venga ven.–le digo dejándolo que entre conmigo.–Así me ayudas a calentar antes de que empiece el combate.
–Okay.–dice siguiéndome hacia el vestuario.–¿Me dejas entrar al vestuario de las chicas?
–¿No te atreves o que?–canturreo pasando adentro.
Me deshago de la chaqueta y me coloco los guantes rojos, a juego con mi top deportivo. Cuando me giro, Jesús me está mirando de arriba a abajo, y aunque al principio me moleste, acaba gustándome. No sé porqué.
–Ey Casanova, la vista a mis ojos.–le corto el rollo tendiéndole un pequeño colchón deportivo.–Y sujeta esto con fuerza, no quiero hacerte daño.
–Ya va la subidita.–rueda los ojos. Le respondo dándole un fuerte puñetazo que no se espera y acaba por balanceándose mientras se queja en susurros.–Capulla.
–¿Has dicho algo?–levanto una ceja intentando ocultar una sonrisa divertida.
–No.–bufa.–¿Donde vamos a ir esta noche a cenar?–me pregunta y después de dar varios puñetazos seguidos, doy un paso para atrás y lo miro unos instantes.
–Al MacDonald's, obviamente.–le digo pillándolo desprevenido.–Hago dieta mientras entreno, pero después de ganar un combate siempre me sienta bien mi querida CBO.
–¿Al Mac?–me mira intentando no reírse.–¿Enserio?
–Si.–me quito los guantes para dar un trago a mi cantimplora.–Ahí es donde voy a cenar, si quieres o no seguirme es tu problema.
–Está bien, al Mac entonces.–deja el pequeño colchón a un lado.–Pero aún no se ha decidido quién va a pagar.
Me agacho hacia mi bolsa y después de colgarla en mi hombro, saco una toalla y se la tiendo a Jesús.
–Guárdamela.–le digo saliendo del vestuario con él detrás.–Y ponte cerca del ring, la necesitaré.
******
Jesús
Siento como la respiración me empieza fallar cuando dan como empezado el combate. La tal Holly, es el doble de grande que Cindy, tiene el doble de masa muscular y da el doble de miedo.
Ambas se miran con desafío, pero aún así Cindy parece tranquila.
Al principio empieza a esquivar sus golpes, pero no ataca. Por lo que he leído, le gusta cansarlas para luego darles lo suyo.
Sin que se lo espere, un fuerte puño le roza mínimamente la mejilla derecha, y gracias a eso, Cindy parece sacar su lado competitivo.
Cuando nos hemos dado cuenta, la morena que me quita el sueño ya ha acorralado a Holly y le está plantando puñetazo tras puñetazo, sin dejarla respirar.
El árbitro da un fuerte pitido y Cindy se separa rápidamente de la gran mujer. El entrenador ha pedido tiempo y reposo para su boxeadora.
–Pásame la toalla.–me dice asomándose por el ring y se la lanzo seguida de una nerviosa sonrisa.
–Lo estás haciendo genial.–la animo casi sin querer. Eso parece extrañarle a todo quien me conoce en ese lugar, en especial a mi hermano, que mira alzando una ceja.
Fijo mi mirada de nuevo en Cindy, pero cuando veo que su padre le está hablando seriamente mientras el entrenador de Holly lo mira de reojo, sé que algo no va bien.
Cuando veo que Cindy baja de un salto el ring y se va rápidamente hacia los vestuarios con aires de cabreada, no dudo en ir detrás.
–Eh, eh, espera.–le agarro del brazo inseguro.–¿Que ha pasado?
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